|
Por / By Alejandro Lapunzina
|
El realismo poético
de Gerardo Caballero Una de las primeras obras construidas de Caballero, la ya lejana Plaza Santa Cruz, proyectada junto a Ariel Giménez (Rosario, 1991-1992), sigue siendo uno de los ejemplos más claros de este realismo poético. El encargo recibido de la Municipalidad de Rosario consistía en crear una plaza en un terreno escalonado y baldío. El presupuesto otorgado era entre ínfimo y nada. ¿Cómo hacer una arquitectura trascendente con semejantes limitaciones? La respuesta fue simple y contundente: aceptar las condiciones impuestas, leer el sitio cuidadosamente, extraer lo esencial, interpretar sus líneas, y luego plasmarlas a través de unas pocas intervenciones, marcando algunos bordes, consolidando las esquinas, conectando las terrazas naturales con la acera, y todo con una extrema economía de medios [figuras 1 y 2.] Lo que antes fuera un terreno abandonado de la retícula urbana, se convirtió en un espacio cívico y transitable, un referente espacial, sin transgredir en lo mas mínimo su memoria y uso cotidiano. Los Vestuarios sobre el Rió Paraná (Rosario, 1995), una obra con presupuesto levemente menos modesto que la Plaza Santa Cruz, diseñada en colaboración con Rafael Iglesia, presentan un caso similar. El edificio debía emplazarse junto a una nave industrial de gran tamaño, proveyendo cambiadores y sanitarios para un embarcadero de lanchas sobre el rió Paraná. Las funciones especificas fueron alojadas en un paralepípedo ligeramente deformado, que se adosa a una de las grandes paredes laterales de la nave en la cual se guardan las lanchas. Caballero-Iglesia, haciendo uso de una gran economía de medios pero explotando al máximo su efectividad arquitectónica, alargaron el exiguo volumen de los vestuarios a través de unos pocos planos verticales que extienden el proyecto y en los cuales se apoya una pérgola metálica que señala el camino hacia el punto de embarcación. La extensión del volumen no es caprichosa; desde un punto de vista estrictamente utilitario, dicho espacio queda designado para alojar --en un futuro-- la administración y el bar del establecimiento; arquitectónicamente, el objetivo era debilitar el impacto visual de la nave adyacente sin negar su presencia y, en cambio, establecer con ella un diálogo a partir de sutiles inflexiones en el trazado de la pérgola y los muros que la sostienen. En efecto, la extensión del volumen (muros + pérgola) registran el perfil de la nave, proyectando juegos de sombras que quedan impresas -aunque temporariamente-- sobre el suelo [figuras 3 y 4.]. Paradójicamente, la nave fue demolida poco tiempo después de completada la construcción de los vestuarios, pero las huellas de su existencia perduran, dibujadas sobre el piso y las paredes de los vestuarios, sombras de un pasado cargado de significado para el lugar. Tanto la Plaza Santa Cruz como los Vestuarios sobre el Río Paraná, y tantos otros proyectos de Caballero, parecerían querer recordarnos aquella Ciudad Invisible que tan poética como elocuentemente nos describiera Italo Calvino cuando afirmaba que la ciudad "está hecha por las relaciones entre las medidas del espacio y los acontecimientos de su pasado" [Italo Calvino, Las Cuidades Invisibles; Buenos Aires: Ediciones Minotauro, 1984/ Segunda edición.] Esa relación entre las medidas y los acontecimientos, el enlace espacio-temporal entre un pasado real y la proyección de un presente, lo tangible y medible con lo imaginario e inconmensurable, es precisamente lo que nos propone realista y poéticamente la arquitectura de Gerardo Caballero. Ambas características se mantienen constantes en su producción más reciente, como lo demuestran las cuatro obras presentadas en este número. Los dibujos, fotografías y texto explicativo que presentan la Biblioteca y Videoteca del Centro Cultural Parque España (Rosario, 1996; en colaboración con Maite Fernández), la más antigua de las cuatro, lo ratifican claramente [figura 5]. El sitio: un túnel abovedado de escasa altura; las necesidades: alojar libros y videos en estanterías, proveer áreas de lectura y de proyección de videos, un escritorio para recepción y administración. Aquí también el proyecto acepta sin condicionamientos las limitaciones que se le imponen (como esa perspectiva unidireccional que parece casi inevitable), se subordina a ellas a la vez que las domestica y transforma. Por un lado, el proyecto intensifica la perspectiva --esa fuga de líneas que hasta las juntas de ladrillos refuerzan-- apoyando las estanterías contra el borde curvo de la sección del túnel --imponente geometría constructiva-- e instalando dos fuentes de luz lineares que acompañan la longitud del túnel, como si finalmente sucumbiera a la inevitable unidireccionalidad espacial que se impone. Pero, al ubicar las áreas de lectura en el centro mismo del espacio linear y, sobre todo, con el diseño y configuración de los dos paneles de madera que parecen cerrar el extremo del túnel, Caballero desmantela la inevitabilidad de la perspectiva central invitándonos a percibir el espacio no desde el eje central sino desde sus exiguos e implícitos corredores laterales; al fondo no hay un punto central en el cual la perspectivas se diluyan; los dos planos de madera sugieren algo mas allá. Habrá que descubrirlo. Ya no es más un túnel estático y oscuro que puede aprehenderse en un instante; en vez, de la mano creadora del arquitecto ha surgido un espacio que -aun manteniendo la calma necesaria que una biblioteca exige-invita a ser descubierto a partir desde una multiplicidad de puntos y direcciones. La casa Alonso/Lavítula [figura 6] presenta similitudes tanto en lo conceptual como en lo material. El encargo consistía en remodelar una casa existente (construida en los años sesenta) que ocupaba la mayor parte del solar; es decir, a la casa le faltaba aire. Sabiamente, Caballero conservó lo necesario e imprescindible (la estructura general de la planta baja) y demolió selectivamente algunas partes de lo existente para posibilitar la creación de un patio interno que mantiene intacta la característica urbana de la casa y provee el aire y la luz que el interior reclama. El patio permite la gestación de una vivienda a la vez protectora y protegida, que se vuelca hacia dentro y se organiza alrededor del aire y la luz que el patio ofrece. Las cubiertas con pendiente hacia adentro refuerzan este volverse hacia dentro. Sin embargo, la relación con el exterior no queda completamente negada, como lo indica la ausencia de una puerta de entrada y su reemplazo por un ancho portal que conduce a un área intermedia, transición entre el espacio urbano de la calle y la intimidad del interior de la casa. El retiro del muro de frente en la planta alta merece consideración aparte por las sutilezas que genera: por un lado permite una inserción y relación cómoda con respecto a las construcciones linderas; por otro, posibilita la creación de un balcón terraza al frente que devuelve la relación de la casa con el exterior urbano y, finalmente, permite iluminar la escalera profusa y eficazmente desde un lateral, es decir resguardando la privacidad de la circulación interna de la casa. Es precisamente en el cuidado por ese tipo de detalles, los intersticios del proyecto, más que en la inteligente transformación de una casa existente, en que aparece la sutileza arquitectónica de Gerardo Caballero, como también en la depresión del vano que enmarca la ventana del salón y que permite que las persianas de madera se deslicen cómodamente sin alterar la percepción del frente de la casa, y en los quiebres y plegados de los muros de planta alta que maximizan la penetración de luz natural y desvían las vista hacia el patio interno, origen y centro del proyecto. A primera vista parecería que el proyecto ganador del concurso para el Auditorio del edificio de la Empresa Provincial de Energía (EPE) [figura 7] es atípico en la producción arquitectónica de Caballero. Sus fluidas líneas curvas, el aspecto algo escultural, y el evidente contraste que establece con el edificio existente podrían considerarse como anómalos dentro de una producción en la que -desde el punto de vista formal-- las líneas rectas, los quiebres y plegados, la austeridad y el autocontrol formal, y un cierto mimetismo con el entorno circundante aparecen como líneas fundamentales de una propuesta coherente. Pero no debemos confundirnos por estas primeras impresiones, ya que la propuesta de Caballero va mas allá de lo formal y tiene poco que ver con posiciones que sostienen la necesidad de un contextualismo permanente. Si bien es cierto que el proyecto para la EPE exhibe diferencias con respecto a otras obras, es innegable que comparte las características fundamentales que venimos señalando a lo largo de estos párrafos. Las diferencias surgen, seguramente, a partir de que Caballero toma cada proyecto en forma única, considerando la singularidad del mismo, sin prejuicios ni preconceptos, sin un vocabulario predeterminado y sujeto a la combinatoria composicional de elementos que den forma. Como el resto de las obras, la ampliación de la EPE emerge a partir de una evaluación cuidadosa e inteligente de las potencialidades que el sitio alberga y sugiere, así como también en un rapto de poesía arquitectónica de alto nivel. El auditorio se presenta como un apéndice, un volumen definido fundamentalmente por el contraste que presenta el plano sinuoso y elevado del frente con las líneas duras y el volumen cerrado del edificio principal. Alzándose entre los árboles del parque que lo rodea, se erige como una pantalla lumínica -escultura luminosa o gran lámpara urbana-que ilumina el parque, y se ofrece generosa de frente al ACA, como un homenaje a esta obra pionera del modernismo en Argentina. La relación con algunos temas recientes y contemporáneas desarrollados por ciertos arquitectos europeos no pasa desapercibida. No debe sorprendernos ya que tanto Caballero como sus colegas europeos persiguen un objetivo común: hacer una arquitectura responsable, realista y eficaz, a la vez que evocativa y estimulante. Pero las referencias no son más que instrumentos que el critico encuentra al observar lo que el arquitecto ha creado, identificando los puntos en común, fruto de haber observado lo que unos y otros proponen. La calidad de la obra de Caballero, su magia y encanto, se apoya en su habilidad en leer lo que el sitio sugiere, sin caer en contextualismos fáciles, y en haberse ajustado rigurosamente a las necesidades del proyecto. En otras palabras, en haber sabido encontrar el punto en el que las ideas, determinadas necesidades y un lugar convergen y a partir de entonces se concretan como arquitectura. El proyecto ganador del concurso para la nueva Escuela de Ingeniería Civil y Nuevo Auditorio de la Ciudad Universitaria (Rosario, 2000) [figura 8] ratifica todas las cualidades y características de la obra de Gerardo Caballero, alzándose al mismo tiempo como acabada síntesis. En el sitio (tema recurrente y siempre importante en la génesis de sus proyectos), un solar amplio rodeado de construcciones de diversa escala, se erguían siete palos borrachos, tan magníficos como aislados, a la espera de un marco mas adecuado; mas allá, cercanos y distantes a la vez, otros edificios universitarios. El proyecto de Caballero considera todos estos hechos aparentemente aislados y los enlaza, haciéndose eco de aquello que parece resonar en el lugar, materializando lo que de tan evidente se nos ha vuelto invisible. La organización funcional de la escuela es precisa, rotunda, exacta; dos bandas que alojan aulas, talleres, oficinas y áreas de investigación. Una, al frente, es larga y continua, límite y fachada del edificio, plano de cierre y marco del espacio verde ante el cual se alza; la otra banda aloja una serie de volúmenes dispuestos en forma perpendicular a la dirección principal que siguen un ritmo regular y constante, como si se tratara de una reverberación, o apagado eco, de la organización volumétrica del gran edificio frente al cual, en forma diagonal, se encuentra. Sin embargo, la presencia de los palos borrachos determina la interrupción del ritmo regular, y así surge, casi espontáneamente, un amplio patio externo que se ofrece naturalmente como área de expansión al aire libre. Una diagonal implícita y sutil conecta este patio con el hall de acceso principal y el volumen de perfil algo más escultórico (homenaje, según el mismo Caballero, a una sinagoga diseñada por Erich Mendelsohn en Saint Louis, Missouri) del nuevo Auditorio de la Universidad de Rosario. Esta secuencia diagonal de espacios y volúmenes alternadamente abiertos y cerrados (auditorio, hall de acceso, patio "de los palos borrachos"), la silueta casi curva del auditorio, y la diagonal que atraviesa el espacio verde del frente operan como contrapunto a la rigurosa distribución ortogonal del resto del edificio, artificio sutil y eficaz, escape que debilita la aparente rigidez del conjunto y establece un sistema de relaciones que va mas allá de los confines físicos del edificio . Allí había siete aislados palos borrachos, solitarios. Cuando la escuela se construya, su presencia será resaltada por el marco más adecuado de una arquitectura tan simple como contundente, provocativa, justa y edificante. Estos son solo algunos
parámetros quizás importantes, aunque no los únicos,
con los cuales se puede intentar una aproximación crítica
a la obra de este joven arquitecto rosarino. Caballero construye (en el
más amplio sentido del verbo construir) sus proyectos en forma
meticulosa. Detrás de cada uno de ellos hay un riguroso método
que se apoya en un incansable dibujar de las ideas fundamentales que generan
el proyecto; hay también narrativas sutiles y un civismo arquitectónico
incuestionable. Los proyectos presentados en los concursos para el Museo
Constantini (Buenos Aires, 1999) [figura 9] y la Plaza-monumento homenaje
a las víctimas del atentado que destruyó la embajada de
Israel en Argentina [figura 10], este último en asociación
con Rozenwasser y Silberfaden (ambos proyectos recibieron el segundo premio
de los jurados respectivos), confirman su búsqueda y entrega por
una arquitectura que no renunciará jamás a algunos de sus
roles fundamentales, aquellos que dan forma a una historia, una memoria
trascendente mas allá de la magnitud de la obra en cuestión.
Caballero nos propone una arquitectura arraigada en su sitio, llevada
a cabo con ajustada evaluación de los medios disponibles, pero
no complaciente sino superadora de los límites -sociales, geográficos,
económicos, tecnológicos-- que se le presentan. Se trata,
en definitiva, de una arquitectura cívica, realista y poética. *Alejandro
Lapunzina nació en New York en
1960. |
|
Gerardo
Caballero's Poetic Realism One
of Caballero's first works was Plaza Santa Cruz (Santa Cruz Square), which
was planned together with Ariel Gimenez (Rosario 1991 - 1992). It is still
one of the most conspicuous examples of poetic realism. Caballero received
the commission from The City Hall to design a square on a vacant lot that
was cut in a series of steps. The budget he was given was close to nothing.
How could transcendental architecture be achieved under those conditions?
These
features can be observed in most of Caballero's recent works, the four
works presented in this issue being among them. La
Casa Alonso- Lavítula ( Alonso-Lavítula House) At
first sight, the winning project of the contest for Auditorio del edificio
de la Empresa Provincial de Energía ( EPE) ( Provincial Energy
Company's Auditorium) does not seem to match Caballero's architectural
style. The
winning design of the contest for the new Escuela de Ingeniería
Civil y Nuevo Auditorio de la Ciudad Universitaria -Rosario, 2000 ( School
of Civil Engineering and Auditorium of the University Campus- Rosario
2000 ) ratifies all the qualities and characteristics of Gerardo Caballero's
works, and summarizes them all. In the site, there were seven magnificient
"palos borrachos" (drunken sticks) standing around separated
one from the other, and in the distance there were some university buildings.
A "palo borracho" is a typical Argentine tree with a round trunk
that makes it look like a wine jar. Caballero's design considered all
these apparently isolated facts and gathered them all, materializing something
that had become invisible even though it was so evident. These
are some parameters, though not the only ones, that can be used to critically
analyze the works of this young architect from Rosario, Argentina. Caballero's
projects submitted at the contest for Museo Constantini - Buenos Aires,
1999 ( Constantini Museum- Buenos Aires, 1999 ) and for the Plaza-Monumento
( Memorial) , the latter being carried out together with Rozenwasser and
Sliferdafen in order to pay homage to the casualties of the terrorist
outrage that destroyed the Israeli Embassy in Argentina, were both awarded
second prizes. |