Gerardo Caballero
      arquitecto

    

      Por / By  Alejandro Lapunzina

 

 

 


      Fig.1


      Fig.2

 

 


      Fig.3


      Fig.4

 

 


      Fig. 5

 

 

 

 

 

 


      Fig. 6

 

 

 

 

 

 

 

 


      Fig. 7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


      Fig. 8

 

 

 

 

 

 

 

 


      Fig.9


      Fig.10

El realismo poético de Gerardo Caballero


De las muchas y notables características que exhibe la obra de Gerardo Caballero, hay dos que sobresalen: el realismo franco con el cual confronta la tarea encomendada, y la poesía sutil y deliberada de su propuesta arquitectónica. No hay que confundirse. Realismo no significa complacencia o mera aceptación de la situación presentada, y por poesía no entendemos lo caprichoso y accesorio, ni estridencias lingüísticas o formales. Lo que propone Caballero es bien distinto: realismo y poética están íntimamente ligados, alimentándose mutuamente para generar una propuesta arquitectónica rica y trascendente. En forma escueta podríamos afirmar que su realismo aparece a partir de una evaluación precisa de las condiciones (los límites, posibilidades y condicionantes) en las cuales el hecho arquitectónico ha de insertarse, sean estas culturales, geográficas, sociales, económicas, tecnológicas o --para ser mas preciso-- el conjunto de todas ellas. La poesía, por su lado, surge de una lectura intencionada de esas condiciones y de un manifiesto deseo por lo trascendente, por conmovernos, sutilmente, sin estridencias. La poesía se desarrolla entre líneas, en los intersticios del proyecto, basándose y manifestándose en las relaciones que este plantea entre ciertas cosas, concretas o abstractas, reales o imaginarias, físicas o mentales.

Una de las primeras obras construidas de Caballero, la ya lejana Plaza Santa Cruz, proyectada junto a Ariel Giménez (Rosario, 1991-1992), sigue siendo uno de los ejemplos más claros de este realismo poético. El encargo recibido de la Municipalidad de Rosario consistía en crear una plaza en un terreno escalonado y baldío. El presupuesto otorgado era entre ínfimo y nada. ¿Cómo hacer una arquitectura trascendente con semejantes limitaciones? La respuesta fue simple y contundente: aceptar las condiciones impuestas, leer el sitio cuidadosamente, extraer lo esencial, interpretar sus líneas, y luego plasmarlas a través de unas pocas intervenciones, marcando algunos bordes, consolidando las esquinas, conectando las terrazas naturales con la acera, y todo con una extrema economía de medios [figuras 1 y 2.] Lo que antes fuera un terreno abandonado de la retícula urbana, se convirtió en un espacio cívico y transitable, un referente espacial, sin transgredir en lo mas mínimo su memoria y uso cotidiano. Los Vestuarios sobre el Rió Paraná (Rosario, 1995), una obra con presupuesto levemente menos modesto que la Plaza Santa Cruz, diseñada en colaboración con Rafael Iglesia, presentan un caso similar. El edificio debía emplazarse junto a una nave industrial de gran tamaño, proveyendo cambiadores y sanitarios para un embarcadero de lanchas sobre el rió Paraná. Las funciones especificas fueron alojadas en un paralepípedo ligeramente deformado, que se adosa a una de las grandes paredes laterales de la nave en la cual se guardan las lanchas. Caballero-Iglesia, haciendo uso de una gran economía de medios pero explotando al máximo su efectividad arquitectónica, alargaron el exiguo volumen de los vestuarios a través de unos pocos planos verticales que extienden el proyecto y en los cuales se apoya una pérgola metálica que señala el camino hacia el punto de embarcación. La extensión del volumen no es caprichosa; desde un punto de vista estrictamente utilitario, dicho espacio queda designado para alojar --en un futuro-- la administración y el bar del establecimiento; arquitectónicamente, el objetivo era debilitar el impacto visual de la nave adyacente sin negar su presencia y, en cambio, establecer con ella un diálogo a partir de sutiles inflexiones en el trazado de la pérgola y los muros que la sostienen. En efecto, la extensión del volumen (muros + pérgola) registran el perfil de la nave, proyectando juegos de sombras que quedan impresas -aunque temporariamente-- sobre el suelo [figuras 3 y 4.]. Paradójicamente, la nave fue demolida poco tiempo después de completada la construcción de los vestuarios, pero las huellas de su existencia perduran, dibujadas sobre el piso y las paredes de los vestuarios, sombras de un pasado cargado de significado para el lugar. Tanto la Plaza Santa Cruz como los Vestuarios sobre el Río Paraná, y tantos otros proyectos de Caballero, parecerían querer recordarnos aquella Ciudad Invisible que tan poética como elocuentemente nos describiera Italo Calvino cuando afirmaba que la ciudad "está hecha por las relaciones entre las medidas del espacio y los acontecimientos de su pasado" [Italo Calvino, Las Cuidades Invisibles; Buenos Aires: Ediciones Minotauro, 1984/ Segunda edición.] Esa relación entre las medidas y los acontecimientos, el enlace espacio-temporal entre un pasado real y la proyección de un presente, lo tangible y medible con lo imaginario e inconmensurable, es precisamente lo que nos propone realista y poéticamente la arquitectura de Gerardo Caballero.

Ambas características se mantienen constantes en su producción más reciente, como lo demuestran las cuatro obras presentadas en este número. Los dibujos, fotografías y texto explicativo que presentan la Biblioteca y Videoteca del Centro Cultural Parque España (Rosario, 1996; en colaboración con Maite Fernández), la más antigua de las cuatro, lo ratifican claramente [figura 5]. El sitio: un túnel abovedado de escasa altura; las necesidades: alojar libros y videos en estanterías, proveer áreas de lectura y de proyección de videos, un escritorio para recepción y administración. Aquí también el proyecto acepta sin condicionamientos las limitaciones que se le imponen (como esa perspectiva unidireccional que parece casi inevitable), se subordina a ellas a la vez que las domestica y transforma. Por un lado, el proyecto intensifica la perspectiva --esa fuga de líneas que hasta las juntas de ladrillos refuerzan-- apoyando las estanterías contra el borde curvo de la sección del túnel --imponente geometría constructiva-- e instalando dos fuentes de luz lineares que acompañan la longitud del túnel, como si finalmente sucumbiera a la inevitable unidireccionalidad espacial que se impone. Pero, al ubicar las áreas de lectura en el centro mismo del espacio linear y, sobre todo, con el diseño y configuración de los dos paneles de madera que parecen cerrar el extremo del túnel, Caballero desmantela la inevitabilidad de la perspectiva central invitándonos a percibir el espacio no desde el eje central sino desde sus exiguos e implícitos corredores laterales; al fondo no hay un punto central en el cual la perspectivas se diluyan; los dos planos de madera sugieren algo mas allá. Habrá que descubrirlo. Ya no es más un túnel estático y oscuro que puede aprehenderse en un instante; en vez, de la mano creadora del arquitecto ha surgido un espacio que -aun manteniendo la calma necesaria que una biblioteca exige-invita a ser descubierto a partir desde una multiplicidad de puntos y direcciones.

La casa Alonso/Lavítula [figura 6] presenta similitudes tanto en lo conceptual como en lo material. El encargo consistía en remodelar una casa existente (construida en los años sesenta) que ocupaba la mayor parte del solar; es decir, a la casa le faltaba aire. Sabiamente, Caballero conservó lo necesario e imprescindible (la estructura general de la planta baja) y demolió selectivamente algunas partes de lo existente para posibilitar la creación de un patio interno que mantiene intacta la característica urbana de la casa y provee el aire y la luz que el interior reclama. El patio permite la gestación de una vivienda a la vez protectora y protegida, que se vuelca hacia dentro y se organiza alrededor del aire y la luz que el patio ofrece. Las cubiertas con pendiente hacia adentro refuerzan este volverse hacia dentro. Sin embargo, la relación con el exterior no queda completamente negada, como lo indica la ausencia de una puerta de entrada y su reemplazo por un ancho portal que conduce a un área intermedia, transición entre el espacio urbano de la calle y la intimidad del interior de la casa. El retiro del muro de frente en la planta alta merece consideración aparte por las sutilezas que genera: por un lado permite una inserción y relación cómoda con respecto a las construcciones linderas; por otro, posibilita la creación de un balcón terraza al frente que devuelve la relación de la casa con el exterior urbano y, finalmente, permite iluminar la escalera profusa y eficazmente desde un lateral, es decir resguardando la privacidad de la circulación interna de la casa. Es precisamente en el cuidado por ese tipo de detalles, los intersticios del proyecto, más que en la inteligente transformación de una casa existente, en que aparece la sutileza arquitectónica de Gerardo Caballero, como también en la depresión del vano que enmarca la ventana del salón y que permite que las persianas de madera se deslicen cómodamente sin alterar la percepción del frente de la casa, y en los quiebres y plegados de los muros de planta alta que maximizan la penetración de luz natural y desvían las vista hacia el patio interno, origen y centro del proyecto.

A primera vista parecería que el proyecto ganador del concurso para el Auditorio del edificio de la Empresa Provincial de Energía (EPE) [figura 7] es atípico en la producción arquitectónica de Caballero. Sus fluidas líneas curvas, el aspecto algo escultural, y el evidente contraste que establece con el edificio existente podrían considerarse como anómalos dentro de una producción en la que -desde el punto de vista formal-- las líneas rectas, los quiebres y plegados, la austeridad y el autocontrol formal, y un cierto mimetismo con el entorno circundante aparecen como líneas fundamentales de una propuesta coherente. Pero no debemos confundirnos por estas primeras impresiones, ya que la propuesta de Caballero va mas allá de lo formal y tiene poco que ver con posiciones que sostienen la necesidad de un contextualismo permanente. Si bien es cierto que el proyecto para la EPE exhibe diferencias con respecto a otras obras, es innegable que comparte las características fundamentales que venimos señalando a lo largo de estos párrafos. Las diferencias surgen, seguramente, a partir de que Caballero toma cada proyecto en forma única, considerando la singularidad del mismo, sin prejuicios ni preconceptos, sin un vocabulario predeterminado y sujeto a la combinatoria composicional de elementos que den forma. Como el resto de las obras, la ampliación de la EPE emerge a partir de una evaluación cuidadosa e inteligente de las potencialidades que el sitio alberga y sugiere, así como también en un rapto de poesía arquitectónica de alto nivel. El auditorio se presenta como un apéndice, un volumen definido fundamentalmente por el contraste que presenta el plano sinuoso y elevado del frente con las líneas duras y el volumen cerrado del edificio principal. Alzándose entre los árboles del parque que lo rodea, se erige como una pantalla lumínica -escultura luminosa o gran lámpara urbana-que ilumina el parque, y se ofrece generosa de frente al ACA, como un homenaje a esta obra pionera del modernismo en Argentina. La relación con algunos temas recientes y contemporáneas desarrollados por ciertos arquitectos europeos no pasa desapercibida. No debe sorprendernos ya que tanto Caballero como sus colegas europeos persiguen un objetivo común: hacer una arquitectura responsable, realista y eficaz, a la vez que evocativa y estimulante. Pero las referencias no son más que instrumentos que el critico encuentra al observar lo que el arquitecto ha creado, identificando los puntos en común, fruto de haber observado lo que unos y otros proponen. La calidad de la obra de Caballero, su magia y encanto, se apoya en su habilidad en leer lo que el sitio sugiere, sin caer en contextualismos fáciles, y en haberse ajustado rigurosamente a las necesidades del proyecto. En otras palabras, en haber sabido encontrar el punto en el que las ideas, determinadas necesidades y un lugar convergen y a partir de entonces se concretan como arquitectura.

El proyecto ganador del concurso para la nueva Escuela de Ingeniería Civil y Nuevo Auditorio de la Ciudad Universitaria (Rosario, 2000) [figura 8] ratifica todas las cualidades y características de la obra de Gerardo Caballero, alzándose al mismo tiempo como acabada síntesis. En el sitio (tema recurrente y siempre importante en la génesis de sus proyectos), un solar amplio rodeado de construcciones de diversa escala, se erguían siete palos borrachos, tan magníficos como aislados, a la espera de un marco mas adecuado; mas allá, cercanos y distantes a la vez, otros edificios universitarios. El proyecto de Caballero considera todos estos hechos aparentemente aislados y los enlaza, haciéndose eco de aquello que parece resonar en el lugar, materializando lo que de tan evidente se nos ha vuelto invisible. La organización funcional de la escuela es precisa, rotunda, exacta; dos bandas que alojan aulas, talleres, oficinas y áreas de investigación. Una, al frente, es larga y continua, límite y fachada del edificio, plano de cierre y marco del espacio verde ante el cual se alza; la otra banda aloja una serie de volúmenes dispuestos en forma perpendicular a la dirección principal que siguen un ritmo regular y constante, como si se tratara de una reverberación, o apagado eco, de la organización volumétrica del gran edificio frente al cual, en forma diagonal, se encuentra. Sin embargo, la presencia de los palos borrachos determina la interrupción del ritmo regular, y así surge, casi espontáneamente, un amplio patio externo que se ofrece naturalmente como área de expansión al aire libre. Una diagonal implícita y sutil conecta este patio con el hall de acceso principal y el volumen de perfil algo más escultórico (homenaje, según el mismo Caballero, a una sinagoga diseñada por Erich Mendelsohn en Saint Louis, Missouri) del nuevo Auditorio de la Universidad de Rosario. Esta secuencia diagonal de espacios y volúmenes alternadamente abiertos y cerrados (auditorio, hall de acceso, patio "de los palos borrachos"), la silueta casi curva del auditorio, y la diagonal que atraviesa el espacio verde del frente operan como contrapunto a la rigurosa distribución ortogonal del resto del edificio, artificio sutil y eficaz, escape que debilita la aparente rigidez del conjunto y establece un sistema de relaciones que va mas allá de los confines físicos del edificio . Allí había siete aislados palos borrachos, solitarios. Cuando la escuela se construya, su presencia será resaltada por el marco más adecuado de una arquitectura tan simple como contundente, provocativa, justa y edificante.

Estos son solo algunos parámetros quizás importantes, aunque no los únicos, con los cuales se puede intentar una aproximación crítica a la obra de este joven arquitecto rosarino. Caballero construye (en el más amplio sentido del verbo construir) sus proyectos en forma meticulosa. Detrás de cada uno de ellos hay un riguroso método que se apoya en un incansable dibujar de las ideas fundamentales que generan el proyecto; hay también narrativas sutiles y un civismo arquitectónico incuestionable. Los proyectos presentados en los concursos para el Museo Constantini (Buenos Aires, 1999) [figura 9] y la Plaza-monumento homenaje a las víctimas del atentado que destruyó la embajada de Israel en Argentina [figura 10], este último en asociación con Rozenwasser y Silberfaden (ambos proyectos recibieron el segundo premio de los jurados respectivos), confirman su búsqueda y entrega por una arquitectura que no renunciará jamás a algunos de sus roles fundamentales, aquellos que dan forma a una historia, una memoria trascendente mas allá de la magnitud de la obra en cuestión. Caballero nos propone una arquitectura arraigada en su sitio, llevada a cabo con ajustada evaluación de los medios disponibles, pero no complaciente sino superadora de los límites -sociales, geográficos, económicos, tecnológicos-- que se le presentan. Se trata, en definitiva, de una arquitectura cívica, realista y poética.

Alejandro Lapunzina *. Savoy, Illinois, Marzo 2001.

*Alejandro Lapunzina nació en New York en 1960.
En 1983 obtuvo el titulo de Arquitecto en la Universidad de Buenos Aires y en 1987 el Master of Architecture en Washington University en Saint Louis ( USA).
Desde 1991 es profesor de diseño en la University of Illionois at urbana-Champaing.
Desde 1994 dirige el Architectute Study Abroad program de dicha universidad en Versailles, Francia

 

Gerardo Caballero's Poetic Realism


Out of the numerous and remarkable features that characterize Caballero's work, there are two that best depict his work: the frank realism he resorts to in order to accomplish his work, and the subtle and deliberate poetry of his architectural proposal. No misunderstanding. Realism does not mean complacency or mere acceptance of a given situation. And poetry suggests neither caprice nor linguistic stridency.
In Caballero's architecture realism and poetry are closely linked. They nourish each other in order to create rich and significant architecture.
Caballero's realism emerges from his precise evaluation of the conditions for his work, such as limits, possibilities and conditioners whether they be cultural, geographical, social, economic, technological, or - to be more precise - all of the former together.
Poetry stems from a deliberate reading of these conditions, from an evident desire for what is transcendental, and from intent to subtly touch us without stridency. Poetry evolves between the lines and out of the interstices of his design.
Poetry lies and expresses itself in the concrete or abstract, real or imaginary, physical or mental relationships among certain things which his design proposes.

One of Caballero's first works was Plaza Santa Cruz (Santa Cruz Square), which was planned together with Ariel Gimenez (Rosario 1991 - 1992). It is still one of the most conspicuous examples of poetic realism. Caballero received the commission from The City Hall to design a square on a vacant lot that was cut in a series of steps. The budget he was given was close to nothing. How could transcendental architecture be achieved under those conditions?
The answer was simple and impressive: he accepted the given conditions, he read the site carefully, he extracted what was essential and he understood the lines in order to use them with very few changes. He shaped some borders, consolidated the corners, connected the natural steps with the sidewalk, and he did everything with very few economic resources.
What used to be a wasteland in the middle of the city turned into a civic and passable site and a spatial reference that does not transgress, in the least, against the "memory" and everyday use of the place.

Los Vestuarios Del Rio Paraná (Paraná River's Changing Rooms) (Rosario 1995), were designed together with Rafael Iglesia on an even tighter budget, presents a similar case. The building was meant to be located beside a huge industrial nave in order to provide changing rooms and closets for a motorboat pier by the Piranha River. The specific functions were housed in a slightly distorted parallelepiped adjoining one of the biggest walls of the nave in which motorboats were to dock. Resorting to their architectural craftsmanship, Caballero and Iglesia spread out the scanty volume of the changing rooms both by using a few vertical planes and by designing a metal pergola adjoining those planes. The pergola showed the path to the embarkation point. The extension of the volume was not at all capricious. From a utilitarian point of view, that space was designed to house - in the future - the administration office and the bar of the building.
From an architectural point of view, the objective was to weaken the visual impact of the adjacent nave, not by denying its presence, but by having them both "hold a friendly conversation" on the subtle inflections of the pergola and the supporting walls. In fact, the extension of the volume (walls+ pergola) registered the cross-section of the nave, projecting - yet temporarily - the shade of the nave on the surface. Paradoxically, soon after the changing rooms were finished, the nave was demolished.
However, the traces of the nave are still alive in the shadows on the ground and on the walls of the changing rooms.
Those shadows carry a lot of meaning.
Both Plaza Santa Cruz and Vestuarios del Río Paraná seem to remind us of that Invisible City, which Italo Calvino described wonderfully with these words: a city "is the result of the relationships between time measures and the city's past history"
(Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles, Buenos Aires: Ediciones Minotauro, 1984 / Segunda edición).
What Gerardo Caballero's architecture proposes both realistically and poetically is that relationship between measures and events, between the tangible or measurable and the infinite or imaginary. In fact, he proposes the space-time link between a real past and a projected present.

These features can be observed in most of Caballero's recent works, the four works presented in this issue being among them.
The drawings, photographs and text of the design of Biblioteca y Videoteca del Centro Cultural Parque España- Rosario, 1996- ( Library and Video-Room of "Parque España" Cultural Center- Rosario 1996 ), which was carried out with the contribution of Maite Fernandez, clearly ratify this.
The site: A low vaulted tunnel.
The commission: to place books and video cassettes on shelves, to provide a reading room, a video room, a reception and an administration area.
Caballero's design seemed to accept the imposed restrictions, among which the one-direction perspective seemed unavoidable. He tried to comply with those restrictions by taming and transforming them at the same time.
Caballero's design intensified the perspective by placing the bookshelves against the curved border of the tunnel and by installing two sources of linear light that shone along the whole length of the tunnel, thus making it look as if it had finally given in to the imposed one-direction perspective.
By placing the reading area in the center of the linear space, and by designing two wooden panels that seemed to close the end of the tunnel, Caballero changed the observer's attention by inviting him to see the place not from a central perspective but from scanty and implicit lateral corridors.
At the end of the tunnel, perspective seems to vanish in no central point.
Both wooden planes imply something unknown far beyond, which is there to be discovered.
The tunnel is no longer a dark static place that can be apprehended in the blink of an eye.
On the contrary, it is a space that has been brought to life by the creative hand of the architect. It keeps the peace and coziness of a library. It kindly invites us to re-discover it from different viewpoints and directions, though.

La Casa Alonso- Lavítula ( Alonso-Lavítula House)
The commission Caballero received consisted of remodeling an existing house which had been built in the 70s.
The house occupied its whole building site and lacked air. Caballero, very wisely, kept what was necessary and essential, that is to say the first-floor general structure, and he selectively demolished some existing parts to make way for the construction of an indoor patio, leaving the urban characteristics of the house untouched. Therefore, he provided the light and air that the interior of the house required.
The patio gave birth to a house that became both protective and protected at the same time, and the house turned indoors. It organized itself in relation to the air and light the patio offered. The decks with a gentle slope give evidence of this inward effect. However, the indoors-outdoors relationship has not been neglected.
This can be inferred from the lack of an entrance door, and the presence of a wide portal that leads to an intermediate area, which creates a transition between the urban street space and the intimacy of the house.
The removal of the front wall deserves special consideration since it helps insert and relate the house with the neighboring constructions, it fosters the construction of a terrace-balcony that links the interior of the house with the urban exterior, and it helps light the stairs profusely and effectively from one lateral ,concealing the private life of the house.
Gerardo Caballero's architectural sensitivity does not necessarily emerge from this intelligent transformation of an existing house, but rather from his exquisite attention to detail.
Besides, his architectural subtlety appears in the way he uses the window with its wooden shutters, which slide very easily without altering the front of the house.
His architectural style can also be seen in the folds and bends of the second-floor walls, which let sunlight, get into the house and direct one's eyesight towards the hub of the house, the indoor patio.

At first sight, the winning project of the contest for Auditorio del edificio de la Empresa Provincial de Energía ( EPE) ( Provincial Energy Company's Auditorium) does not seem to match Caballero's architectural style.
The somewhat sculptural aspect of the building together with its fluent curved lines and the evident contrast with the existing building might be regarded anomalous within Caballero's production, which is characterized by straight lines, folds and bends, self-control, austerity and certain mimicry with the surrounding areas.
Let us not jump to conclusions. Caballero's architecture goes beyond formality and has nothing to do with permanent contextualization.
Even though it is true that this design is somewhat different from other works, it still has some fundamental characteristics that have been described in the previous paragraphs.
Since Caballero takes each project in isolation, considers the individuality of the project without prejudices or pre-determined vocabulary, and takes into account the combination of elements that shape each project, differences eventually appear. Following his habitual procedure, Caballero started the design of the auditorium by carefully evaluating the potentiality of the site, and he did so in a sudden fit of exquisite architectural poetry.
Now, the auditorium appears like an appendix, a volume that is defined by the contrast between the high twisted plane of the front with the stiff lines and closed volume of the main building. It rises above the trees of the surrounding park as if it were a huge light screen - either a light sculpture of a big urban lamp - lighting the park and paying homage to its neighboring building, ACA, which was a pioneer of Modernism in Argentina.
The design of this auditorium also relates to some contemporary topics dealt by some European architects. This is so because Caballero and his European colleagues have one objective in common: to do Architecture that is responsible, realistic, efficient, and at the same time evocative and stimulating. These references, however, are nothing but instruments that this critic has found by observing what the architect has created and by identifying points in common between him and European architects.
The magic and enchantment of Caballero's work lies in his ability to read what the site implies without falling into easy contextualization, and in his ability to adjust himself to the needs of the project.
In other words, his art lies in finding the exact point in which ideas, specific needs and a place merge together in order to create architecture.

The winning design of the contest for the new Escuela de Ingeniería Civil y Nuevo Auditorio de la Ciudad Universitaria -Rosario, 2000 ( School of Civil Engineering and Auditorium of the University Campus- Rosario 2000 ) ratifies all the qualities and characteristics of Gerardo Caballero's works, and summarizes them all. In the site, there were seven magnificient "palos borrachos" (drunken sticks) standing around separated one from the other, and in the distance there were some university buildings. A "palo borracho" is a typical Argentine tree with a round trunk that makes it look like a wine jar. Caballero's design considered all these apparently isolated facts and gathered them all, materializing something that had become invisible even though it was so evident.
The functional organization of the school is precise, exact and forthright. There are two zones that house classrooms, offices, investigation areas and workshops.
One of them is long and continuous; it is the limit and facade of the building, it is the closing plane and frame of the green area overlooking it.
The other one houses a series of volumes that are perpendicular to the main direction and that repeat one after the other in an echo-fashion.
However, the "palos borrachos" interrupt this constant rhythm by spontaneously creating an exterior patio for outdoor recreation. An implicit diagonal connects this patio with the main hall and with the somewhat sculptural volume of the new Auditorium of the National University of Rosario. In Caballero's words, this pays homage to a synagogue designed by Erich Mendelsohn in Saint Louis, Missouri.
This diagonal sequence of alternated open and closed spaces and volumes (auditorium - main hall - "patio de los palos borrachos") together with the curved silhouette of the auditorium, and the diagonal that goes all along the green space are the counterpart of the orthogonal distribution of the rest of the building, establishing a very efficacious relationship system that goes beyond the physical boundaries of the building.
In this place, there were just seven random "palos borrachos". Once the school is constructed, these palos borrachos will be highlited by the frame of provocative, fair and forceful architecture.

These are some parameters, though not the only ones, that can be used to critically analyze the works of this young architect from Rosario, Argentina.
Caballero "builds" his designs meticulously.
An impressive method that consists of drawing the main idea-generators of a project lies in all his designs.
Behind each of them, there are subtle narratives, tireless work and an unquestionable architectural civism.

Caballero's projects submitted at the contest for Museo Constantini - Buenos Aires, 1999 ( Constantini Museum- Buenos Aires, 1999 ) and for the Plaza-Monumento ( Memorial) , the latter being carried out together with Rozenwasser and Sliferdafen in order to pay homage to the casualties of the terrorist outrage that destroyed the Israeli Embassy in Argentina, were both awarded second prizes.
These two works are quintessential Caballero's architecture since Caballero strives for an art that intends to shape history, and for a transcendental memory that goes beyond his work itself.
Caballero's architecture is deeply rooted to its history. It evaluates the availability of resources.
It analyzes the social, geographical, economic and technological restrictions.
It does not abide by them, but rather surpasses them.
Caballero's work is indeed civic, realistic and poetic architecture.

Alejandro Lapunzina *. Savoy, Illinois, March 2001.


*Alejandro Lapunzina was born in New York in 1960.
In 1983, he graduated as an architect from the University of Buenos Aires, Argentina.
In 1987, he received a Master Degree in Architecture from Washington University in Saint Louis, USA.
Since 1991 Lapunzina has been Professor of Design at the University of Illinois at Urbana-Champaign, USA.
Since 1994, Lapunzina has been the director of the Study Abroad Program of the University of Illinois at Urbana-Champaign, France.